Sobre el creciente prestigio de los vinos de Aÿ

Carte-Ay-la-champagnerie

En este capítulo vamos a hablar de los vinos de Aÿ. Lo vamos a hacer para compensar el error que cometí tomando como cierto algo que es falso. Es falso, ya lo corregí, que Plinio el Viejo citara los vinos de Aÿ en el 70 d. C., en su Historia Natural, libro XIV, capítulo VI. El capítulo está efectivamente dedicado a los vinos, pero no hay ninguna referencia a este pueblo en el mismo ni en ninguna parte de esa obra. De hecho, los únicos vinos galos que menciona son los de la Narbonense (provincia del Imperio Romano ubicada en el sur de Francia, que comprendía las actuales regiones francesas de Languedoc y Provenza).
Para compensar ese error, dedicaremos un capítulo a cómo surge la fama de este pueblo y de sus vinos.
Como todos saben, Aÿ es un pueblo famoso por su champagne en la actualidad. Los viñedos de Aÿ están situados en la subregión del Valle del Marne y están clasificados como Grand Cru en la clasificación de los viñedos de Champagne. En otro capítulo explicaremos en qué consiste esta clasificación. Muchas prestigiosas casas de Champagne poseen viñedos en este pueblo, y varios productores tienen su bodega en Aÿ. De éstos, podemos destacar Ayala y Bollinger.
Aÿ-Champagne es, desde el 1 de enero de 2016, el nombre del nuevo municipio surgido de la fusión de Aÿ, Bisseuil y Mareuil-sur-Aÿ.
Vamos allá.
Los vinos de Champagne comenzarán a ser nombrados como tales alrededor de 1600 (según Roger Dion en Histoire de la vigne et du vin en France des origines au XIXe siècle. Paris, 1959) y esto no será ni siquiera común hasta la segunda mitad del siglo XVII. Su reputación se construye lentamente. Esto lo veremos más despacio en el próximo capítulo.
Así parece indicarlo la revisión de los distintos vinos servidos en las diferentes coronaciones de los reyes de Francia. En ese sentido, según Henry Jadart, Dom Chastellain se muestra optimista escribiendo en el siglo XVIII (Journal de Dom Pierre Chastelain, bénédictin rémois 1709-1782 avec ses Remarques sur la température de la vigne ,suivies d’un autre journal et d’observations analogues jusqu’en 1848. Reims, 1902):
“bajo Francisco I y Enrique II el vino Reims ganó el favor de todo el mundo”
En el breviario agrícola La Maison Rustique, del que ya hemos hablado, se citan varias veces, a partir del capítulo V del libro VI, lugares vitícolas. Así, se cita Beaune (obviamente), Rochelle (La Rochelle), Burdeos, Chabyles (Chablis), Tonnerre, Auxerreois, Angevin, Languedoc, Provence. Sin embargo, no es hasta el capítulo XXII cuando finalmente aparece un nombre de Champagne:
“los vinos de Aÿ, son menos vinosos que otros, también son saludables sin comparación. Además se indica que los vinos de Aÿ son claros, sutiles y delicados y con un gusto muy agradable al paladar. Por todo esto, son perfectos para la boca de reyes, príncipes y grandes señores”
No obstante, el autor señala que prefiere “los vinos de Borgoña a los de Orléans y de Aÿ, por mucho que tengan más fama en París”.
Con todo esto, podemos concluir que, al final del siglo XVI, los vinos de la región de Champagne son poco conocidos todavía, y al mismo tiempo, debemos señalar que Aÿ ya tiene cierta reputación por sus vinos.
El Papa Urbano II (que parece ser nació en Châtillons-sur-Marne) ya los tenía entre sus preferidos allá por el 1088. También sabemos que el Papa León X (1513-1521) tenía un comprador en Aÿ para garantizarse el suministro de las mejores añadas. León X es considerado el útlimo Papa renacentista, era diletante, voluptuoso y hedonista, amante de los placeres de la música, de la literatura, de la pintura, y también de otros más sensuales…y fue el que promulgó, supuestamente, la Taxa Camarae que llevó, en teoría, a Lutero a emprender la Reforma protestante. Esto es otra historia y hoy nos queremos centrar en Aÿ.
Fue durante el reinado de Enrique III cuando el vino de Aÿ alcanzó fama y renombre y llegó a ser descrito “la bebida ordinaria de reyes y príncipes” por Julien Le Paulmier, un médico protestante normando, (en 1588) en su Tratado de los Vinos. El tal Paulmier, entre otras cosas, también escribió sobre la sidra a la que atribuía propiedades curativas (situando esta bebida incluso por encima del vino) ya que decía que le había salvado de la muerte al curarle las palpitaciones derivadas de la Matanza de San Bartolomé.
En 1601, Nicolas Abraham de la Framboisière en su Gouvernement nécessaire à chacun pour vivre longtemps en santé vuelve a repetir el elogio que hemos encontrado en la Maison Rustique terminando el capítulo dedicado al vino de su Tratado:
“Para juzgar la bondad y la calidad de los vinos, se debe observar cuidadosamente cuál es el estado y la constitución de cada añada y probar todas las añadas para poder dar un juicio adecuado. Así, algunos años, los vinos de Borgoña son los mejores; otros años los vinos de Orleans los superan; nunca los vinos de Anjou son los mejores; pero por lo general los vinos de Aÿ ocupan el primer lugar tanto en bondad como en perfección.”
Esta reputación se remonta a principios del siglo XVI. Así, según J. Brewer (Lettres and Papers, foreign and domestic, of the reign of Henri VIII. Londres, 1862-1876) en 1518, el Almirante Bonnivet escribió a su amigo el cardenal Wolsey, canciller de Inglaterra, para anunciar que veinte poinçons de vino de Aÿ le habían sido enviados. Es posible remontar todavía más esta reputación si hacemos caso a la anécdota que cuenta Armand Bourgeois (Le Vin de Champagne sous Louis XIV et sous Louis XV d’après des lettres et documents inédits. Paris, 1897) según la cual Segismundo de Luxemburgo, rey de Hungría y futuro emperador germano, se desvió de su camino en 1410 durante un viaje a Francia para probar los vinos de Aÿ.
A menudo se ha afirmado que los reyes, e incluso papas, poseían viñedos y bodegas en Aÿ. De hecho, allí es posible ver una vieja casa de madera que se asegura fue propiedad de Enrique IV. A pesar de los lazos conocidos entre el Galán Verde (otro de los apodos de Enrique IV) y el Jurançon, es también conocida la querencia de este rey por los vinos de Aÿ.
De ahí la anécdota que se encuentra en el anuncio del Recueil de poésies latines et françaises sur les vins de Champagne et de Bourgogne publicado en 1712. Se cuenta que en una recepción por parte de Enrique IV al embajador de España, éste se refería al rey de España como “su señor rey, rey de todos los reinos que componen la monarquía de España” nombrándolos, uno tras otro, sin omitir ninguno. Enrique IV, interrumpiéndolo le señaló “le diréis al rey de España, de Aragón, Castilla, León, etc., que Enrique, rey de Gonesse y de Aÿ, etc. “. El rey opuso a las cualidades del rey de España, las de ser rey del buen pan y del buen vino. La historia se repitió, en una forma ligeramente diferente, en el Mercure de France en enero de 1728.
Guy Patin, a principios del siglo XVII, cita a un tal Boudoin que en casa del obispo Thou hacía un juego de palabras con vin d’Aÿ y vinum dei… el vino de Aÿ era el vino de Dios.
El Abad Michel de Marolles cita al poeta romano Marcial (lo tradujo en 1655) que según parece decía que en Aÿ, Avenay y Epernay estaban los mejores vinos de toda la Galia.
El prestigio de los vinos de Aÿ irá creciendo en el siglo XVII de la mano de, entre otros, Saint – Evremond (de este personaje hablaremos otro día). Del mismo modo que Enrique IV, Evremond aprecia los vinos de Aÿ. De hecho, así escribe en una carta dirigida, al final de 1674, al Conde de Olonne (el cual acaba de ser condenado al exilio). Es curioso que repita, al principio, los mismos consejos que Pardulo dirigió a Hincmaro en el siglo IX. Esto nos lo cuenta Des Maizeaux en Œuvres de Monsieur de Saint-Evremond, avec la vie de l’auteur, (Amsterdam, 1726).
“Haga coincidir, tanto como sea posible, sus gustos a su salud. No ahorre ningún gasto a la hora de aprovisionar de Vinos de Champagne, aunque esté a más de doscientas leguas de París. Si me pregunta cuál prefiero, sin dejarme llevar por las modas y esos gustos que introducen insoportables brebajes, le diré que el vino de Aÿ es el más natural de todos los vinos, el más sano, el más limpio y con un maravilloso aroma a melocotón que lo caracteriza. León X, Carlos V, Francisco I y Enrique VIII tenían todos casa en Aÿ o cerca para garantizarse su aprovisionamiento. De entre todos los grandes asuntos que estos príncipes tuvieron que solucionar, disponer de vino de Aÿ no era uno de los que menos les preocupase”.
Es curioso que sepamos, al hilo de esto, que Max Sutaine, en 1845, publicó Essai sur l’histoire des vins de Champagne. En este libro afirma que todavía existía una zona llamada “El León” y apunta que es debido a su antiguo propietario. Esta zona está entre Dizy y Aÿ.
También sabemos que en 1538, para la recepción de María de Hungría, hermana de Carlos V, se utilizó la suma de 500 libras para comprar vino de Aÿ. También se publicó en el Mercurio de Francia, en enero de 1728, que durante el cerco de Epernay en 1544, Carlos V estaba acampado en Avenay y que su cuartel general estaba muy cerca de Aÿ, en una bodega que se construyó, y que se conocía como Charlefontaine.
Por último, consta que Enrique VIII conservaba sus vinos de Aÿ en sus bodegas de Whitehall, Greenwich y Richmond.
En cualquier caso, es posible que hubiesen en Aÿ bodegas y viñedos propiedad de los reyes y príncipes pero es mucho más factible que se contentasen con negociar con proveedores y comerciantes que se encargasen de abastecerlos de los ya conocidos como “vins de Rivière”. Lo que es indiscutible es que, desde el siglo XVI, Aÿ producía excelentes vinos y que, sin duda, el nombre de “vino de Aÿ” englobaría a otros “vins de la Rivière” producidos en otros pueblos cercanos que estarían encantados de beneficiarse del prestigio de Aÿ y de su posición como importante plaza comercial en la época.
Sirva este capítulo como penitencia por el error que cometí y para aclarar el origen del prestigio de los vinos de Aÿ. En el próximo capítulo hablaremos del siglo XVII y nos iremos acercando a la aparición de las burbujas… ¡¡ya era hora!!




1 Comentario

  1. Gran trabajo, lleno de argumentos históricos que desde hace siglos esos vinos tenían el don de la finura y delicadeza en boca. Bendiciones en las que se soporta más tarde el champan. Impaciente por el próximo Bernardo, gracias

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