San Valentín que sea siempre.


 

El día de los enamorados en la actualidad dispone de muchas variantes. Se puede ser clásico y regalar flores o bombones, ser espléndido y sorprender con joyas, mimoso y obsequiar con peluches en forma de corazón, o bien ser apasionado y regalar una noche de cena y hotel romántica. La gastronomía también ofrece opciones: desde los dulces de toda la vida a los americanos cupcakes y cookies decoradas con fondant. En España la tradición ya no gana la partida y cada vez hay más seguidores que apuestan por caer en la tentación de las nuevas propuestas dirigidas por las empresas, o la llamada industria del amor, que son trasladadas de los países anglosajones y Estados Unidos, donde normalmente se preparan con tiempo para el Valentine’s Day. Como todas las fechas importantes del calendario y las nuevas modas, San Valentín recibe muchas críticas por parte de aquellos que ven algo superfluo dedicar un día a la declaración de los sentimientos cuando lo importante es que todo siga vivo los 365 días del año… Aunque, siendo adepto o detractor, realmente a nadie le amarga un dulce.

 

Por su parte, los restaurantes suelen ofrecer un nutrido menú por San Valentín a precios dispares que, sin embargo, en ocasiones no se asocia a la situación ni a las pretensiones de la noche más romántica del año. Pero, ¿qué hay de los grandes afrodisíacos? El gran protagonista es, sin duda, el chocolate, de la forma y tipo que sea, no en vano está considerado como el estimulante por excelencia que excita los sentidos. Otros fijos en esta fecha son las fresas y champagne, que no acostumbran a quedar fuera de carta. Los más dudosos y olvidados en esta fecha son las ostras, el caviar y el ginseng pese a ser grandes estimulantes; quizá el elevado precio de los dos primeros y el desconocimiento de los efectos y usos del ginseng por parte de muchas personas, hace que no sean los ganadores de la noche.

 

No obstante, dejando de lado los alimentos tradicionalmente reclamados y aprovechando que el gusto por la gastronomía está en un momento de gran apogeo, desde hace unas semanas la red está que arde confeccionando menús para los que estén convencidos a enamorar a su pareja con el paladar y ofreciendo recetas de un sinfín de dulces con los que agasajar al ser querido. Y realmente, de eso se trata. El objetivo debería ser dedicar un espacio del día para probar esa receta que han recomendado, preparar el plato preferido de la otra persona o innovar con alimentos propios de un gran festín. Una mesa puede estar repleta sin tocar el bolsillo, porque del mismo modo que el amor no entiende de razas ni edad, también se adapta a cualquier circunstancia.

 

Y pese a sonar repetitivo, lo mejor en esta fecha es disfrutar del ambiente a la mesa en pareja, proclamando los sentimientos y demostrando que el “contigo, pan y cebolla” tiene sentido.

  

Paloma Flórez.




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